Joaquín Rodríguez,“Cagancho”, es una de las más grandes figuras en la historia de la tauromaquia

Vanguardia

No es un bonito apodo el de “Cagancho”, ciertamente. Jardiel Poncela solía decir que el nombre daba lugar a pensamientos que nada tenían de taurinos. No iba el remoquete ni con el nombre ni con el tipo del torero, un hombre extraordinariamente guapo. Gitano de raza pura, hijo y nieto de gitanos, tenía ojos verdes y tez aceitunada. Fue ídolo de los aficionados, pero más de las aficionadas, y aun de las que no lo eran. A diferencia de casi todos los diestros, que se visten en un cuarto de hotel, él se vestía en su casa. Salía al patio ya vestido de torero, y su madre le decía con admiración:

Lo quisieron contratar para filmar una película. Él rechazó la oferta, pues se enteró de que debía presentarse en el set a las 6 de la mañana. Acotó, desdeñoso:

-No soy panadero pa’ estar levantado a esa hora. A alguien se le ocurrió preguntarle si sabía hablar inglés. –¡Ni lo permita Dios! –exclamó asustado.

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