Cómo fue el Holocausto gitano, una historia olvidada que no se ha terminado de escribir 

Historia de Celia Donert, historiadora – BBC, Serie “The Documentary”25 enero 2025 

Antes de la guerra se habían asentado en los Balcanes entre tres y cuatro millones de romaníes, y de este número nadie puede saber cuántos han sobrevivido. Porque, al igual que los judíos, nuestra raza ha sido barrida de Europa por una nación de señores supremos, que querían esclavizar a todas las naciones que no podían eliminar“. 

En 1946, el escritor romaní-francés Matéo Maximoff, que había estado encarcelado en un campo en Francia entre 1940 y 1944, publicó un ensayo mordaz sobre el asesinato en masa de romaníes durante la ocupación nazi de Europa. 

Los alemanes afirmaron que los gitanos eran bárbaros, pero ¿no es mejor ser bárbaros que monstruos? 

“Los alemanes afirmaron que los gitanos eran ladrones, pero los acusadores han robado a toda Europa. 

“Los alemanes afirmaron que los gitanos eran asesinos, pero son los mismos hombres que ordenaron los horrores de Auschwitz, Buchenwald, Dachau y Ravensbrück“. 

El término despectivo “gitano” se utilizó para referirse a una minoría numerosa y diversa que se autoidentificaba como romaní, sinti, manouche, jenishh o como miembros de varias otras comunidades romaníes de toda Europa. 

Hoy en día, los romaníes y los sinti son una de las minorías más grandes de Europa. 

Pero ese genocidio en la Europa de mediados del siglo XX sigue siendo mucho menos conocido que el Holocausto judío. 

Y los romaníes siguen sufriendo una discriminación generalizada. 

¿Por qué? 

Fascinación y odio 

Prejuicios que tenían dos caras, una romántica y otra amenazante, señala Ari Joskowicz, autor de “Lluvia de cenizas”, una historia de las experiencias y recuerdos compartidos de judíos y romaníes durante y después del Holocausto. 

“La romántica es la imagen aparentemente positiva de los romaníes tan libres como vagabundos, sin los agobios de las presiones de la modernidad, de la propiedad de la tierra, de las rutinas de trabajo. Esa es una imagen que a menudo fascina a quienes estudian a los gitanos. 

“El reverso es que, precisamente porque no están atados a las convenciones y normas de la sociedad, los ven como delincuentes por definición, incluso si no están violando la ley”, explica el historiador. 

Cabe apuntar que el estereotipo romántico de los “gitanos errantes” no reflejaba la realidad de la vida de los romaníes. 

“En toda Europa, había una gran variedad de formas de vida y diversos roles económicos llevados a cabo por los gitanos”, precisa Eve Rosenhaft, profesora de Estudios Históricos Alemanes de la Universidad de Liverpool. 

“Muchos de ellos estaban asentados en aldeas, muy parte de las comunidades locales, generalmente rurales. Incluso los que viajaban, tenían un hogar en invierno en alguna ciudad con la que comerciaban con caballos, afilaban cuchillos, hacían y vendían cestas”. 

Otro aspecto que contribuyó a la larga historia de racialización y criminalización de los gitanos, añade Joskowicz, fue el nacionalismo. 

“Así hayas vivido en un lugar durante generaciones, si no estás asociado con el grupo étnico dominante, que se supone que conforma la nación, la percepción es que eres un poco desarraigado de maneras mucho más metafóricas”. 

A fines del siglo XIX se desarrolló un pánico en toda Europa por su presencia y la noción de “una amenaza gitana” entró en la agenda de muchos de los Estados europeos. 

En 1936, un doctor llamado Robert Ritter fundó la Unidad de Investigación de Higiene Racial y Biología Demográfica. 

Después de estudiar medicina y psiquiatría, Ritter había comenzado a centrarse en las teorías de la eugenesia y empezó a aplicarlas a los gitanos. 

“Ritter anhelaba distinguirse en su carrera y sabía que con esta higiene racial podía abrirse un lugar en la burocracia nazi”, indica la historiadora alemana Karola Fings. 

“Entendía claramente qué quería el régimen que hiciera, y quería proveerle todos los datos necesarios a la policía criminal”. 

“En realidad, los nacionalsocialistas no tenían ningún criterio para identificar a esa minoría con 600 años de historia; por eso produjeron árboles genealógicos que se remontaban al siglo XVI”, explica Romani Rose, presidente del Consejo Central de los Sinti y Romaníes Alemanes. 

Casi obsesivamente, el equipo de Ritter se dedicó a rastrear las raíces de las familias gitanas, remontándose a siglos atrás. 

“Fingían ser muy amigables, hasta hablaban algunas palabras de romaní. Pero su objetivo era obtener toda la información sobre todas las personas y registrarlos”, explica Fings. 

“Ese registro racial fue el primer paso para la deportación y el asesinato”. 

En diciembre de 1938, el líder de las SS y jefe de la policía alemana, Heinrich Himmler, emitió este decreto sobre los romaníes y los sinti: 

El tratamiento de la cuestión gitana forma parte de la tarea nacionalsocialista de regeneración nacional. 

El decreto ayudó a sentar las bases de las políticas antirromaníes impuestas por el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial, que incluían la segregación, la deportación y el asesinato en masa. 

“Incluso si alguien era un octavo de gitano, si uno de sus ocho bisabuelos era miembro de nuestra minoría, se le clasificaba como racialmente inferior en los certificados emitidos por el Instituto de Higiene Racial, y se recomendaba la ‘evacuación’, que era el nombre en clave del programa de exterminio”, afirma Rose. 

Entre tanto, y hasta con más entusiasmo y rapidez que Alemania, otros países aniquilaron a sus poblaciones gitanas. 

“Para cuando los sinti alemanes fueron deportados, en Estonia, por ejemplo, ya casi todos los romaníes habían sido asesinados, así como miles en el estado aliado de Croacia y en la Serbia ocupada”, cuenta Fings. 

“Lo que hizo la ocupación nazi o la presencia de los aliados nazis o la situación en tiempos de guerra fue darles licencia a otros países para inmovilizar, deportar y/o asesinar a sus propias poblaciones romaníes, siempre sobre la base de que los gitanos no solo eran étnica, cultural y racialmente diferentes, sino también peligrosos, criminales y antisociales”, observa Rosenhaft. 

Así, en toda Europa los romaníes fueron despojados de sus derechos, internados en campos y guetos, seleccionados para trabajos forzados u objeto de deportación o ejecuciones masivas. 

Los que pudieron, resistieron, huyeron, se escondieron o se defendieron uniéndose a los partisanos locales. 

el abogado judío polaco Rafael Lemkin acuñó una nueva palabra para describir la magnitud de los asesinatos por motivos raciales cometidos por el régimen nazi -genocidio-, definió tres grupos que eran víctimas típicas: los judíos, los polacos y los gitanos. 

“Y podemos ver lo que sentía sobre el genocidio romaní en su correspondencia, pues se esforzó mucho por averiguar lo que realmente sucedió. Le escribió a varias instituciones pero recibió información mínima”, dice Joskovitz. 

“Había un concepto de que algo había pasado, pero no existía documentación, y sin ella terminas con una página en blanco. 

“Ahí surge la paradoja de un genocidio olvidado: si usas esa frase, eres consciente de que ocurrió, así que no se ha olvidado, pero tampoco está presente”. 

el abogado judío polaco Rafael Lemkin acuñó una nueva palabra para describir la magnitud de los asesinatos por motivos raciales cometidos por el régimen nazi -genocidio-, definió tres grupos que eran víctimas típicas: los judíos, los polacos y los gitanos. 

“Y podemos ver lo que sentía sobre el genocidio romaní en su correspondencia, pues se esforzó mucho por averiguar lo que realmente sucedió. Le escribió a varias instituciones pero recibió información mínima”, dice Joskovitz. 

“Había un concepto de que algo había pasado, pero no existía documentación, y sin ella terminas con una página en blanco. 

“Ahí surge la paradoja de un genocidio olvidado: si usas esa frase, eres consciente de que ocurrió, así que no se ha olvidado, pero tampoco está presente”. 

En 1952, en Austria, 37 romaníes y sinti supervivientes de Lackenbach, el campo de detención gitano más grande en el Tercer Reich, con más de 4.000 prisioneros, firmaron una petición. 

Las autoridades austriacas dictaminaron que Lackenbach no había sido un campo de concentración, lo que significaba que quienes habían sido encarcelados allí no tenían derecho a indemnización. 

En 1981, un grupo de sinti alemanes, entre ellos Romani Rose, ocuparon un edificio de la Universidad de Tubinga tras descubrir que los archivos de Robert Ritter, el científico racial nazi, no solo estaban almacenados allí, sino que todavía estaban en uso. 

“Sabíamos que, después de la guerra, los perpetradores seguían trabajando con este material del Instituto de Investigación de Higiene Racial y de la Oficina Principal de Seguridad del Reich, documentos relacionados con la planificación del genocidio. 

“Y luego nos informaron de que en la Universidad de Tubinga un excolega de Ritter había solicitado financiación a la Fundación Alemana de Investigación para trabajar en este material antropológico. 

“Cuando la administración de la Universidad se dio cuenta de que era un escándalo, telefoneó al Ministerio del Interior en Bonn y luego abrió la puerta. 

“Entramos y encontramos miles de fotos, y nuestra gente, que había sobrevivido a Auschwitz, encontró sus propias fotos y de sus padres. Casi se derrumban al verlas”, recuerda Rose. 

En el Día de Conmemoración del Holocausto de la ONU, en enero de 2024, Petra Gelbart cantó “Ausvicate hi kher baro“, un lamento romaní que se convirtió en uno de los testimonios cantados definitorios del Holocausto gitano. 

Fue compuesto por prisioneros del llamado campo gitano de Auschwitz-Birkenau. 

“Significó mucho para mí, porque he estado involucrada en estas conmemoraciones anuales de la ONU desde 2009 y nunca hubo ni una sola mención de víctimas romaníes o santi. Ni una palabra. Nada. 

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Mehmeti pertenece a la comunidad romaní (gitana), la minoría étnica más numerosa de Italia formada por 180.000 personas. 

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